Resumen de Libro: El poder del pensamiento positivo

Este título viene a presentarte técnicas que te ayudarán a construir una completa serenidad espiritual y un constante flujo de energía vital. No hay motivos para que te sientas derrotado. Tu vida puede estar llena de dicha y satisfacción si dejas entrar a Dios en ella. ¡Anímate a cambiar tu vida con el poder del pensamiento positivo!

Cree en ti mismo

Sin una seguridad humilde pero razonable en tus facultades, nunca podrás tener éxito ni ser feliz. En cambio, con una firme confianza en ti mismo, triunfarás.

Muchas personas conviven a diario con el mal conocido como “complejo de inferioridad”, lo que les ocasiona una permanente frustración e infelicidad. Si das los pasos adecuados, puedes desarrollar una fe en ti mismo totalmente justificada que te permitirá resolver este problema.

El principal secreto para vencer la sensación de inferioridad es llenar tu mente de fe. Desarrolla una enorme fe en Dios, y al mismo tiempo conseguirás una fe modesta pero firme y realista en ti. La adquisición de la fe se logra a través de la oración intensa, la lectura y asimilación de la Biblia, y la práctica de sus postulados.

La aptitud para poseer fe y utilizarla para liberar las habilidades que ella proporciona es una destreza que, como cualquier otra, requiere de práctica para alcanzar la excelencia. Mientras tanto, debes saber que para incrementar la confianza en ti es muy importante que alimentes tu mente con ideas de seguridad.

¿Qué puedes hacer para aumentar la confianza en ti mismo? Aquí encontrarás diez sencillas y prácticas reglas para dejar atrás tus inseguridades:

  1. Elabora y graba bien en tu mente una imagen de ti como triunfador. Aférrate a esta idea y tu mente hará todo lo posible por desarrollarla. La mente siempre trata de alcanzar lo que imagina.
  2. Cada vez que tengas un pensamiento negativo sobre tus habilidades, expresa de modo deliberado un pensamiento positivo para anular ese otro.
  3. No magnifiques los obstáculos en tu imaginación. Minimízalos. Las dificultades deben estudiarse y enfrentarse con eficiencia para que sea posible eliminarlas, pero deben verse como lo que son, no amplificarse por miedo.
  4. No te dejes impresionar por nadie ni trates de imitarlo. Recuerda que, pese a su apariencia y conducta segura, los demás sienten tanto miedo como tú y dudan igualmente de sí mismos.
  5. Repite diez veces al día estas palabras dinámicas: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31).
  6. Busca un psicoterapeuta competente que te ayude a entender por qué haces lo que haces. Conoce el origen de tu sensación de inferioridad y desconfianza en ti. Conocerse a uno mismo permite sanar.
  7. Repite diez veces al día la afirmación siguiente, de ser posible en voz alta: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).
  8. Haz una estimación realista de tu aptitud y súmale el diez por ciento. No te vuelvas egoísta, pero desarrolla un respeto sano por ti mismo. Cree en las facultades que el Señor te dio.
  9. Ponte en las manos de Dios diciendo sencillamente: “Estoy en manos de Dios”. Cree en que recibes toda la fuerza que necesitas. Siente su fuerza fluir en tu interior. Afirma que “el reino de Dios está dentro de ti” (Lucas 17:21) bajo la forma de un poder adecuado para enfrentar las demandas de la vida.
  10. Recuerda que el Señor está contigo y nada puede vencerte. Cree que en este momento recibes poder de él.

La energía constante

La manera en que creemos sentirnos tiene un fuerte impacto en cómo realmente nos sentimos. Si tu mente te dice que estás cansado, el mecanismo de tu cuerpo, tus nervios y tus músculos aceptarán esa idea. En cambio, si se muestra muy interesada en cierta actividad, podrías seguir haciéndola de modo sostenido.

La religión funciona a través de nuestros pensamientos; de hecho, es un sistema de disciplina mental. Como proporciona a la mente actitudes de fe, eleva tu energía. Te ayuda a desplegar una actividad prodigiosa al sugerirte que dispones de considerables apoyos y recursos de poder.

El cuerpo está diseñado para producir toda la energía que necesita durante un largo periodo. Si un individuo cuida en forma razonable su cuerpo y presta atención a llevar una vida emocional balanceada, mantendrá su salud y conservará su energía, pero si permite fugas causadas por una reacción emocional, perderá su fuerza vital.

Cuando el cuerpo, la mente y el espíritu trabajan en armonía, el estado natural del individuo es de continua reposición de la energía que necesita.

Cómo crear tu propia felicidad

Muchos de nosotros producimos nuestra propia infelicidad. Claro que las condiciones sociales son responsables de muchos de nuestros infortunios, pero es un hecho que, en gran medida, mediante nuestros pensamientos y actitudes extraemos de la vida los ingredientes de la felicidad o la desdicha.

El hábito de la felicidad se desarrolla practicando pensamientos alegres. Haz una lista de pensamientos alegres y recórrela en tu mente varias veces al día. Si un pensamiento de infelicidad nublara tu cabeza, expúlsalo de manera consciente y sustitúyelo por uno de felicidad.

De todos modos, no basta con aplicar a la mente una terapia de afirmaciones alegres, debes basar también tus acciones y actitudes en los principios fundamentales de una vida feliz. Uno de los principios más importantes es el del amor humano y la buena voluntad: una expresión sincera de bondad y compasión es capaz de producir una dicha inmensa.

Deja de enfadarte e impacientarte

Debemos apaciguar el ritmo de la vida moderna si no queremos sufrir las graves consecuencias de su extenuante sobreestimulación. La estimulación desmedida provoca malestar emocional, fatiga y una sensación de frustración, haciendo que todo nos enfade e irrite.

Es imposible tener serenidad de espíritu con un ritmo de vida tan rápido. Dios no marcha a tal velocidad y no va a seguirte el paso.

Para reducir la tensión que parece dominarnos en todas partes, puedes empezar bajando tu propio ritmo. Debes practicar la serenidad. No te enfades y no te impacientes. Practica “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento” (Filipenses 4:7). Percibe después la callada sensación de energía que emerge de ti.

Al menos una vez cada veinticuatro horas, preferentemente en el momento más agitado del día, interrumpe lo que estés haciendo y practica la serenidad durante diez o quince minutos. Hay ocasiones en que es necesario que frenemos decididamente nuestro ritmo y enfaticemos que la única manera de parar es parando.

Aquí se enlistan seis puntos de una técnica que resulta muy útil para reducir la tendencia a enfadarse e impacientarse:

  1. Siéntate en una silla y relájate por completo en ella. Comienza por los dedos de los pies y avanza hasta lo alto de la cabeza imaginando que cada parte de tu cuerpo se relaja.
  2. Concibe tu mente como la superficie de un lago bajo una tormenta, sacudida por las olas. Luego, observa cómo el oleaje se calma y la superficie del lago aparece plácida e inmutable.
  3. Dedica dos o tres minutos a pensar en las escenas más hermosas y tranquilizadoras que hayas contemplado hasta la fecha, como una montaña al atardecer o un valle sumergido en el silencio de las primeras horas de la mañana.
  4. Repite lenta y silenciosamente, extrayendo la melodía de cada una, una serie de palabras que expresen paz y quietud, como “tranquilidad”, “serenidad”, “calma”, etc.
  5. Haz una lista mental de los momentos de tu vida en los que has estado consciente del cuidado de Dios. Después, recita en voz alta estos versos: “Tu fuerza me ha protegido por siempre y nunca dejará de guiarme”.
  6. Repite lo siguiente: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera” (Isaías 26:3). Repítelo en varias ocasiones durante el día, cada vez que dispongas de un momento. Concibe estas palabras como sustancias vitales y activas que impregnan tu mente con un poder curativo.

Cómo agradar a la gente

Debemos admitir que nos gusta agradar a la gente. Ser apreciado va mucho más allá que el hecho de satisfacer tu ego; las relaciones personales normales y satisfactorias son muy importantes. La sensación de no ser querido o necesitado es una de las reacciones humanas más devastadoras.

La popularidad puede conseguirse fácilmente si pones en práctica algunas cuestiones muy sencillas. Primero, conviértete en una persona agradable, es decir, en alguien que los demás puedan tratar sin sentirse incómodos. Una persona agradable es natural, simpática, cordial y amable.

Si crees que los demás no te consideran agradable, lo mejor es que hagas un estudio de tu personalidad con la mira puesta en eliminar de ella los elementos que puedan generar tensión con las otras personas. No des por sentado que la gente no te quiere porque está equivocada, asume más bien que el problema está en ti y busca eliminarlo.

Otro factor importante para agradar a otros es hacerlos sentir bien con ellos mismos. Quien sea a quien ayudes a crecer y ser una persona mejor te rendirá devoción eterna. Apoya a tantas personas como puedas y hazlo en forma desinteresada. Hazlo porque te simpatizan y porque ves posibilidades en ellas. Si lo haces, nunca te faltarán amigos.

A continuación hallarás algunos principios básicos a la hora de conseguir la estima de los demás:

  1. Recuerda los nombres de los demás. El olvido podría indicar que tu interés no es suficientemente explícito. El nombre de una persona es muy importante para ella.
  2. Sé un individuo agradable para que no resulte incómodo estar a tu lado.
  3. Adquiere la cualidad de un trato fácil y relajado para que nada te irrite.
  4. No seas egoísta. Evita dar la impresión de que lo sabes todo. Sé natural y humilde.
  5. Cultiva la cualidad de ser interesante para que la gente quiera estar contigo y obtener algo estimulante al tratar contigo.
  6. Estudia la manera de eliminar los elementos irritantes de tu personalidad, aun aquellos de los que quizá no tengas conciencia.
  7. Haz un sincero intento de remediar, sobre una honesta base cristiana, todos los malentendidos que hayas tenido o tengas ahora.
  8. Practica tu buen trato con la gente hasta que aprendas a ejercerlo con autenticidad.
  9. Jamás pierdas la oportunidad de decir una palabra de halago por un logro ajeno, o de expresar compasión en una situación dolorosa.
  10. Vive una profunda experiencia espiritual para que tengas algo que dar a la gente que le ayude a ser más fuerte y a enfrentar la vida con más eficacia. Haz sentir fuertes a las personas y ellas te concederán su afecto.

El poder superior

Para poder dejar entrar a Dios en tu vida y servirte del poder superior, debes aprender a adoptar una actitud positiva y optimista ante cada problema. En proporción directa con la intensidad de la fe que reúnas, recibirás poder para resolver tus situaciones. “Hágase en vosotros según vuestra fe” (Mateo 9:29) es una ley básica para triunfar en la vida.

Realmente existe un poder superior que puede hacer todo por ti. Apóyate en él y experimenta su gran utilidad. ¿Por qué darte por vencido cuando eres libre de recurrir a ese poder? Presenta tu problema, pide una respuesta específica y confía en que la recibirás. Cree que ahora, mediante la ayuda de Dios, obtienes poder sobre tu problema.

Notas finales

Si logras entender que el poder de cambiar tu vida y ser una persona mucho más feliz está en ti, ¿por qué elegirías la desdicha? Deja que el poder de Dios te acompañe y llene tu vida de paz y alegría.

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